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Cuatro rutas para escapar de Madrid


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Rutas para huir y escaparse de Madrid

Madrid es ese lugar que acoge, con los brazos abiertos, a cualquiera que se acerque. Al mismo tiempo, es esa ciudad con un ritmo de vida tan agitado que, a veces, obliga a una desconexión. Su ubicación geográfica la convierte en el perfecto punto de partida para cualquier viaje. Y no digamos para esas necesarias escapadas para desconectar, respirar y cargar baterías. No hace falta ir hasta la otra punta del planeta o del país, con alejarse un par de horas es suficiente. Por eso te traemos cuatro rutas para todos los gustos en las que tú sólo tienes que coger tu vehículo, disfrutar sólo de lo bueno de tener coche y escapar de Madrid. ¿Vamos?

El Hayedo de Montejo y el Atazar: naturaleza pura

Distancia: 129 kilómetros

Tiempo: 2 horas

Carreteras: A1, M-139, M-127 y M-133

Rutas para huir y escaparse de Madrid

Con apenas 250 hectáreas de extensión, el Hayedo de Montejo es un auténtico remanso de paz a poca distancia de Madrid. Un espacio protegido que invita a la completa desconexión durante la hora y media que dura la visita. Tiempo durante el cual pasearás por la ribera del río Jarama para conocer a la Primera, la del Trono, la del Ancla y la de la Roca. ¿Qué quiénes son? Las hayas más ilustres y veteranas de este espacio; la última es la más venerable de todas ya que acumula más de 250 años de vida.

El Hayedo de Montejo se ha convertido en uno de los destinos más populares cuando se trata de huir de la gran urbe, pero su elevada fragilidad ha obligado a restringir el acceso estableciendo un número de permisos diario. Por ello, te recomendamos que pidas cita con antelación: 91 869 70 58.

Después de semejante comunión con la naturaleza, es hora de continuar hasta la siguiente parada: el embalse del Atazar. Una obra de ingeniería que da forma a un paisaje que nos deja sin respiración. No en vano, es la presa más grande de la Comunidad de Madrid y una referencia en el estudio de la geología. Para llegar hasta él, apuntaos este consejo: recorrer la M-133. Una carretera que hace las delicias de los conductores y que, además, cuenta con balcones desde los que podréis contemplar (y fotografiar) las espectaculares vistas. Antes de volver a Madrid, no olvidéis dejaros caer por la Villa de El Atazar para reponer fuerzas. El pueblo os recibirá con un curioso cartel: “Por favor, circule con precaución, en este pueblo no sobran los niños. Gracias”.

Pedraza: un viaje en el tiempo

Distancia: 125 kilómetros

Tiempo: 2 horas

Carreteras: A6, M-601, CL-601 y N-110

Rutas para huir y escaparse de Madrid

La siguiente ruta para escapar de Madrid tiene como destino Pedraza, uno de los pueblos más famosos de la provincia de Segovia. Eso sí, antes de llegar hasta él os recomendamos parar en Navacerrada para respirar aire puro, perderos entre los pinares de Valsaín (son de los mejores de Europa) y sentiros como un miembro de la realeza en el Real Sitio de San Ildefonso (La Granja). Además, si hacéis esta ruta en verano podréis disfrutar (y refrescaros) con el espectáculo de las fuentes.

Cuando lleguéis a Pedraza habréis viajado en el tiempo hasta la Edad Media gracias a sus casas empedradas y a sus calles llenas de rincones únicos. No en vano, esta localidad fue declarada Conjunto Monumental por su belleza.

En Pedraza parece que el tiempo transcurre a un ritmo diferente. No existe la prisa ni el agobio; será por eso por lo que los lugareños recomiendan a los forasteros que paseemos sin rumbo hasta que nos encontremos con la antigua cárcel (siglo XIII), donde aún se conserva una mazmorra auténtica, con el castillo donde Ignacio de Zuloaga tuvo su estudio y, por supuesto, con la Plaza Mayor. Si este paseo os ha abierto el apetito, no lo dudéis: entregaos al placer de probar el cordero asado. Y si nos permitís un consejo, Pedraza merece un paseo nocturno bajo un manto de estrellas. Un recorrido que se hace único en julio: es el mes en el que el pueblo entero se ilumina únicamente con candiles debido a sus famosos Conciertos de las Velas.

Pueblos negros de Guadalajara: arquitectura única

Distancia: 227 kilómetros

Tiempo: 3 horas

Carreteras: N-II, GU-124, CM-1004, GU-186, CM-101, GU-182 y GU-194

Rutas para huir y escaparse de Madrid

En las faldas del Ocejón, al norte de Guadalajara, hay un grupo de pueblos que destacan por una característica común: su arquitectura negra. No, no penséis que hacemos referencia a algo aterrador o esotérico. Los pueblos negros de Guadalajara son conocidos así porque la mayor parte de las casas están hechas con pizarra. La abundancia de este material en la zona hizo que se empleara en la construcción de los edificios de los pueblos que os proponemos para esta ruta:

  • Campillejo
  • El Espinar
  • Campillo de Ranas
  • Roblelacasa
  • Robleluengo

El primero de ellos es el más conocido, mientras que El Espinar y Campillo de Ranas son pequeñas aldeas en las que el visitante tendrá la sensación de estar en un lugar casi deshabitado. Roblelacasa y Robleluengo son, sin embargo, dos paradas obligatorias porque su conjunto arquitectónico de pizarra es el que está mejor conservado. Y si os decantáis por esta ruta, tened en cuenta que los mejores momentos para recorrerla son en otoño y primavera.

Segóbriga: una lección de historia

Distancia: 151 kilómetros

Tiempo: 1 hora y 40 minutos

Carreteras: A3 y CM-310

Rutas para huir y escaparse de Madrid

Cerca de Cuenca nos encontramos con un pedazo del Imperio Romano. Una de sus ciudades mejor conservadas, una Roma en miniatura: el parque arqueológico de Segóbriga.

Se trata de un pequeño tesoro histórico en el que podemos contemplar el Teatro y el Anfiteatro, ambos datan del 78 d. C. y, teniendo el paso del tiempo y del ser humano, conservan su estructura en buenas condiciones (sobre todo el graderío). A este par de monumentos se une parte de la antigua muralla, que en su día tuvo 1.300 metros de longitud, las termas (mitad del siglo I a. C.) o la acrópolis.

Segóbriga no es la única huella que dejó el paso de los romanos por Cuenca. Cerca, entre las localidades de Huete y Saceda del Río, no os podéis perder las Minas de Lapis Specularis, que era como los romanos denominaron al cristal de yeso. ¿No os parece curioso poder internaros en unas cavidades que tienen miles y miles de años de historia? Después de semejante lección de historia, os haremos una recomendación para el camino de vuelta a Madrid: id por la N-400. Es la carretera paralela a la A-40, la autovía que une Cuenca con la A-3. No suele tener mucha densidad de tráfico y os ofrecerá unas vistas que os ayudarán a coger fuerzas antes de regresar al frenético ritmo de Madrid.

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